Las movidas de la Misión de la ONU en caso Mario Paciolla

La enigmática muerte del italiano que laboraba como oficial de terreno de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en San Vicente del Caguán ha tenido extrañas coincidencias que dejarían ver una intención de mantener en silencio datos clave para esclarecerla. 

De Mario Paciolla, el italiano que laboraba como oficial de terreno de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en San Vicente del Caguán, no queda vestigio alguno. Sin la presencia de funcionarios de la Fiscalía General o de policía judicial colombianos, las pertenencias del voluntario fueron recogidas el 16 de julio, un día después de su muerte, por un equipo de la Unidad de Investigaciones Especiales (SIU) del Departamento de Salvaguarda y Seguridad de la ONU.

Los miembros de la ONU limpiaron el lugar donde vivía Paciolla, recogieron sus efectos personales y devolvieron las llaves al dueño, Diego Hernández, el 17 de julio. Hernández firmó un recibo del inmueble a satisfacción sin siquiera leerlo y se deshizo de los pocos enseres que le había prestado al voluntario. Según él, sólo quería “pasar la página” de la muerte de Paciolla, con quien mantenía un contrato verbal desde hacía 13 meses, y casi de inmediato puso el apartamento en alquiler.

De esta manera, tan sólo dos días después del fallecimiento, se perdió toda posibilidad física de reconstruir las circunstancias en las que murió el italiano, o de recolectar con la debida cadena de custodia aquellas evidencias materiales no tenidas en cuenta durante el levantamiento del cadáver.

Asimismo, la Misión ordenó la evacuación hacia Florencia de todo el personal que laboraba en su hub de San Vicente, incluidos la jefa de la Oficina, el oficial de Seguridad, las voluntarias y los observadores militares y policiales, dos de los cuales se encontraban fuera del país desde antes de los hechos.

Algo similar sucedió con el personal de la Oficina Regional (OR) en Florencia, donde a la fecha sólo quedan el director y varios observadores militares y policiales. En todo el país, la Misión anunció que otorgaría bajas médicas y permisos a los voluntarios que lo solicitaran (tal y como Mario Paciolla reclamó durante la pandemia), y puso a su disposición un equipo de expertos en manejo de crisis y apoyo psicosocial.

El mismo 17 de julio, la Misión envió a Florencia a Jaime Hernán Pedraza Liévano, jefe de su Unidad Médica, quien pese a no ser legista estuvo presente en la autopsia de Paciolla realizada por el Instituto de Medicina Legal en la capital del Caquetá. La autorización para la presencia de Pedraza fue firmada por la familia del verificador, a la que erróneamente se le dijo que sería un médico forense asignado por la Embajada de Italia en Colombia.

El 24 de julio, la ONU envió a Roma junto al cuerpo de Paciolla un inventario sin firma alguna de las cosas recolectadas en la residencia de éste en San Vicente del Caguán, y le informó a la familia Paciolla que éstas se encontraban bloqueadas en Colombia por orden de la Fiscalía, entidad que este jueves 30 de julio logró el levantamiento de la inmunidad para los elementos digitales de propiedad de la Misión que habían sido asignados a Mario.

A estas acciones que según el abogado de la familia Paciolla Motta, Germán Romero, implican la vulneración por parte de la ONU de los derechos a la intimidad y la privacidad del voluntario y del derecho de acceso a la justicia de la familia, se suma una serie de mensajes que han reforzado la sensación de silenciamiento al interior de la Misión y que, pese a las disposiciones institucionales de apoyo, han impedido en la práctica realizar el duelo en forma apropiada a varios de los compañeros de Mario, quienes se han visto imposibilitados para hablar abiertamente de sus temores o dudas frente a lo sucedido con su compañero fallecido en la madrugada del 15 de julio.

Durante los cuatro días siguientes al deceso del voluntario de la ONU, la jefatura de la Misión en Bogotá envió tres correos electrónicos en los que recalcó a sus más de 400 funcionarios y contratistas nacionales e internacionales la obligación de guardar reserva y la prohibición de conceder entrevistas y declaraciones a medios.

“Mario se unió a la Misión en agosto de 2018. Sus colegas lo recuerdan como una persona cálida y empática que estaba totalmente comprometida con el mandato de la Misión y la agenda más amplia de derechos humanos. Cumplió sus tareas con dedicación, entusiasmo y una mente analítica brillante. Su contribución a nuestro trabajo es invaluable. Le echaremos mucho de menos”, aseguraba el mensaje del 15 de julio, firmado por Carlos Ruíz Maisseu, jefe de la Misión, quien a renglón seguido solicitaba “tratar esta terrible noticia [el fallecimiento de Paciolla] con discreción y consideración, en respeto a su memoria y a la de su familia, mientras se realizan las investigaciones correspondientes”.

El 16, un nuevo correo electrónico emanado desde la jefatura administrativa de la Misión a cargo del australiano Eric Ball, le recordó a todo el personal que “de acuerdo con la regla 1.2 del Reglamento del Personal de las Naciones Unidas, los funcionarios no podrán (…) i. Dar declaraciones a la prensa, la radio u otros organismos de información pública; ii. Comprometerse a hablar en público; iii. Participar en producciones de cine, teatro, radio o televisión; iv. Presentar artículos, libros u otro material para su publicación o difusión electrónica”.

“Por favor, recuerden que la Jefa de Información Pública es la única portavoz oficial de la Misión. Los miembros del personal no deben interactuar con/hablar con los medios de comunicación sin la aprobación previa del Representante Especial del Secretario General”, recalcó el funcionario.

El viernes 17 de julio, en una reunión con los coordinadores de la Misión en las diferentes regiones del país presidida por Ruíz Maisseu, hubo minuto de silencio en homenaje a Paciolla y de nuevo se llamó a la “discreción”.

En un último mensaje del 19 de julio, más largo y detallado que los anteriores, Ruíz Maisseu aseguró que la súbita pérdida de Paciolla fue un “duro golpe” que causó desazón entre los miembros de la Misión, y que desde el mismo momento de la muerte de Mario se estaba haciendo “todo lo que está en nuestras manos para avanzar en todos los aspectos necesarios en este caso: judiciales, operativos, logísticos y, especialmente, humanos”, y agregó: “estoy seguro que sabrán tratar esta información y la situación con la mayor responsabilidad y discreción”.

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LA LLAMADA AL JEFE DE SEGURIDAD

Aunque hasta ahora es poco lo que se sabe de las horas y días precedentes a su muerte, esta periodista pudo establecer que el 14 de julio a las 10 de la noche, es decir, pocas horas antes de morir, Mario Paciolla estableció comunicación telefónica con el enlace de Seguridad de la Misión de Verificación en San Vicente del Caguán, Christian Thompson. De acuerdo con varios funcionarios del Sistema de Naciones Unidas, una llamada de ese tipo de por sí es alarmante, pues implica la activación de protocolos de alerta que son inusuales en situaciones normales.

Al ser consultado en forma directa sobre este particular, el jefe de la Misión, Carlos Ruíz Maisseu, guardó silencio y delegó a su jefa de prensa, Liliana Garavito, quien evadió responder esa y otras preguntas sobre las acciones de la Misión durante los días posteriores al deceso de su voluntario, pero recalcó la disposición de la ONU de colaborar “plenamente” con la Fiscalía General de la Nación, que está a la espera de los resultados de las dos necropsias de Mario Paciolla, la última de ellas realizada el 27 de julio en Roma. Por ahora, la Fiscalía 8ª Especializada de Florencia no descarta ninguna hipótesis.

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